Sentada en la escalera espere.
Espere mientras el viento travieso jugaba con mi pelo y las hojas de los árboles danzaban a mí alrededor. Y observe a la gente pasar por mi lado sin siquiera notar mi presencia.
Fue en un día sonriente y común, bajo ese cielo celeste con rastros de algodón donde nos sonreímos tímidamente. Y tu mirada de niño se cruzo con la mía haciendo que olvidara todo lo demás. Fue en un día de paseos en metro y caminatas por el centro donde mis ojos se clavaron con los tuyos y decidieron no separarse jamás.
Porque rodeados de cemento y hojas secas supimos que nos quedaríamos así para siempre.
CaMi*
lunes, 3 de diciembre de 2007
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